Ups! ¿Rayos o cuernos?: Un error de traducción inmortalizado por Miguel Ángel

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Tanto los amantes del arte como los turistas que llegan a la bella capital de Italia pueden disfrutar de algunas de las obras de arte más famosas y reconocidas del mundo entero.

En el centro de Roma, en un lugar tranquilo y apartado, en la basílica de San Pedro in Vincoli se encuentra una de las más impactante y majestuosa escultura de Miguel Ángel: el “Moisés”.

La imponente figura de mármol blanco realizada entre los años 1513-1515, recrea la figura bíblica de Moisés. Miguel Ángel pensaba que el Moisés era su creación con mayor realismo. La leyenda cuenta incluso que, al acabar su obra, Miguel Ángel golpeó la rodilla derecha de la estatua y le dijo “¿por qué no me hablas?”, sintiendo que la única cosa que faltaba por extraer del mármol era la propia vida.

Un error inmortal

Pocas personas saben que por un error de traducción ese realismo para describir a la bíblica figura arrastra un equívoco que corona, literalmente, la gran obra.

Para esculpir al Moisés, Miguel Ángel, leyó las sagradas escrituras para basarse con el mayor rigor en su trabajo. Que podía salir mal? Pero rayos o mejor dicho cuernos que se podía equivocar y no justamente por culpa de su maestría con el cincel.

El Moisés fue inmortalizado en piedra, tal como se aprecia hasta hoy en día, con cuernos en su cabeza, cuando en realidad debería tener rayos. Jerónimo de Estridóno tradujo, por encargo del papa Dámaso, la Biblia del griego y del hebreo al latín. Ese texto ha sido considerado la versión única, auténtica y oficial de la Biblia para la Iglesia latina, y hasta la promulgación de la Neovulgata, en 1979, fue el texto bíblico oficial de la Iglesia católica. Esta versión fue la que tomó Miguel Ángel para esculpir su enorme figura originalmente pensada para la tumba de Julio II.

‘Keren or’ 

El Éxodo, segundo libro de la Biblia, en su capítulo 34, versículos 29-35, narra cómo Moisés bajó del monte Sinaí y cómo su cabeza brillaba con rayos de luz. La expresión hebrea ‘Keren or’ referida al resplandeciente rostro de Moisés, se tradujo como ‘cuernos’  La palabra “rayos” en hebreo también significa “cuernos” y de ahí viene el problema. ¡Rayos, que son cuernos!. Cuando San Jerónimo tradujo el Antiguo Testamento al latín decidió que nadie, salvo Cristo, podría tener rayos de luz en la cabeza. Por lo tanto optó por el otro significado de la palabra y así quedó en que Moisés bajó del Sinaí con cuernos en su cabeza.

En la última restauración del “Moisés”, en 2017, los encargados de esa puesta en valor, devolvieron a la imponente figura la luz natural que tenía cuando al ser creada. Pero por supuesto, los cuernos en la cabeza de Moisés, aún cuando deberían haber sido rayos, seguirán allí inmortalizados en el mármol.

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